domingo, 21 de octubre de 2012

Erika Torres Corona, rescatista por vocación

17 de Octubre de 2012

El jueves 11 de octubre me comuniqué con Ana Couret, fundadora de la organización Adoptando un Amigo, para concertar una cita y poder conocer a los rescatistas que trabajan con ella. Ana me comentó que el próximo domingo 14 de octubre ella y sus compañeros de Adoptando un Amigo asistirían al Tercer Festival de Animales de Compañía, organizado por la revista Narices, en el Parque Metropolitano. Ese sería el momento ideal para acercarme a la organización y conocer a las personas que se esfuerzan por sacarla adelante.
Ahí fue donde conocí a Erika Torres. Ella estaba encargada de la mesa de adopciones, donde las personas acuden para completar el trámite necesario para llevarse a alguno de los perros o gatos que la organización lleva y exhibe. A pesar del insoportable clima y la gran multitud de personas que se aglutinaban en el stand, Erika me recibió con una afable sonrisa y amablemente me explicó que para  adoptar a un perro o gato se necesita: antes que nada las ganas de adoptar, el consentimiento de todos los miembros de la familia, una credencial de elector, un comprobante de domicilio, llenar un formulario y dar una “donativo” obligatorio de cuatrocientos pesos. Luego, con una expresión ligeramente más seria, Erika me comentó - una vez que la persona adopta a su nueva mascota se compromete a  no usarlo para la reproducción; a no traspasarla, ni venderla, ni regalarla; ofrecerle un hogar con amor, alimentación y cuidado; y a llevarlo al veterinario cada seis meses para su desparasitación; además de mantenerse en contacto con el rescatista correspondiente para mantenerlo al tanto del estado del perro o gato -.  
Erika rescató a su primer perro cuando tenía entre seis y siete años. Encontró a un cachorrito abandonado en la calle y se lo llevó a casa; a la madre de Erika no le molestó esa acción, y le permitió conservarlo. Cuando hablamos de la forma en que sus padres reaccionaron a que ella recogiera un perro de la calle, Erika puntualizó que, en su opinión, el que un niño desarrolle cariño y respeto por los animales depende de la educación que le den sus padres, y ella tuvo la fortuna de que a sus padres les molestaran los animales.  
Hace diez años Erika comenzó a hacer rescates de manera formal. Lo que la motivó a hacerlo, fue el darse cuenta de  la problemática de los perros callejeros; las  enfermedades y maltrato que padecen; y todas las dificultades que sufren. Para ella, los centros de control animal no son la medida más adecuada, pues “son horribles”. De hecho, recuerda, haciendo un mohín, la primera vez que fue a uno y me cuenta que salió llorando. Erika cree que ser perro en México, es la peor vida que te puede tocar. 
Desde que Erika comenzó a ser rescatista, se puso la política personal de sólo tener un perro en adopción, y no rescatar otro hasta que le haya encontrado un hogar al primero, para evitar llenarse de perros, deudas y problemas familiares. Además de los perros que rescata y cuida, Erika tiene cuatro propios; todos ellos llegaron como perros rescatados de la calle con la finalidad de encontrarles una familia, pero por diferentes razones no pudo hacerlo y decidió quedarse con ellos.
Cada vez que alguien se llevaba a un perro o gato de Adoptando a un Amigo, las encargadas de la mesa de adopciones hacían sonar una campana; así que entre  campanadas y ladridos, Erika me habló de su familia. Ella tiene dos hijas, una de siete meses y otra de tres años, y vive con su esposo. La vocación de rescatista de Erika es bien recibida por su familia, a todos ellos les encantan los perros; lo único que le prohibió su esposo fue rescatar gatos, pues, aunque a ella le fascinan, él no los tolera.
Erika se las arregla día con día en equilibrar sus deberes como madre de familia, gerente de compras de una empresa de alimentos y miembro de Adoptando a un Amigo. En la organización ella está encargada de la administración de la página en Facebook, y durante los eventos se dedica a la mesa de adopciones. La organización, explica Erika, hace un evento mensual de adopción en el Parque de la Estrella; en dicho evento logran encontrarle un hogar a un promedio de 15 a 20 perros; lo más problemático es encontrarles casa a los gatos que rescatan.
A lo largo de la jornada, Erika estuvo de un lado para otro. Muy atareada, atendía los cuestionamientos de las personas que se acercaban a pedir informes, llenaba formularios de adopción, coordinaba al voluntariado que paseaba y exhibía a los perros y tomaba fotos de las personas que se llevaban a un perrito. Erika compartió que lo más difícil de ser rescatista es darse cuenta, al rescatar a un perrito, que lo único que se puede hacer es llevarlo a dormir pues se encuentra en muy malas condiciones y no tiene oportunidad de mejorar. Otra de las cosas más difíciles de ser rescatista es tratar de no encariñarse con cada perro que recoge, - es en ese momento cuando desearía tener una casa más grande y más dinero – admitió sonrojada.
De un evento como ese no pude salir con las manos vacías, y terminé adoptando al perrito que, justamente y sin saberlo, Erika había rescatado. Un cachorro mestizo de cinco meses, de nombre Chico, que me cautivó a primera vista. Erika me ayudó con el trámite de adopción y no dejó de repetirme que lo cuidara mucho y que, por favor, la aceptara en Facebook para mantenerla al tanto de Chico. Quién se imaginaría que un simple trabajo periodístico me llevaría a conocer increíbles personas y adoptar a un nuevo amigo.


 

 

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